REVELACIONES TRASCENDENTALES

Belén de los Andaquíes es un pueblito en Colombia, rodeado de tres ríos en medio de las montañas, lleno de verde y con flores de la amazonía. De la tecnología mas superior del mundo y de los edificios mas increíbles y gigantes de Japón me he venido a donde la naturaleza impregna todo haciéndote olvidar que existe una civilización con smog y rascacielos. Es una locura tanto contraste en este mundo que vivimos. Casi no hay autos particulares, sino bicicletas y chivas de gran colorido por doquier. El lechero como antaño empieza su recorrido a las cinco de la mañana y reparte la leche para todos los ciudadanos, como si todavía las leches envasadas no hubieran llegado al pueblo. Los límites del pueblo están dados por el río y la carretera lo cual caminarlo por completo no te lleva más de media hora. La gente se mira al pasar y se saludan como vecinos. Están las galerías que son el mercado del pueblo donde los plátanos inundan el lugar y los pescados del río que se logran pescar, se venden al mejor postor. Todos los días los niños corren hacia el río que queda a más de 30 minutos donde se tiran de clavado desde un puente viejo a unas aguas que no son tan profundas para tal fin. Las lluvias tropicales interrumpen el calor que inundan los días y son un verdadero alivio para la espesa vegetación que irrumpe de color el espacio. Hay una radio de la ciudad que plaga el pueblo, cada casa escucha la misma emisora de esta forma al caminar la sintonía se mantiene constante. Todavía se puede ver alguna que otra bala en las paredes de las casas de la toma de la guerrilla en el 2001 lo cual ha provocado que los militares tengan campamentos permanentes. A pesar de los niños que corren por doquier los militares se encuentran en cada esquina del pueblo con sus armas resplandecientes y sus granadas colgando, escenas que resultan peculiares ante los ojos de extranjeros. El proyecto al que vine a colaborar era la construcción de una escuela Audiovisual. Quería devolverle a la vida algo de lo que me había brindado, volver a plantar nuevas semillas para que crezcan nuevas cosas.
Después de estar cuatro días enferma, con tos, dolor de garganta, y sintiéndome mal, y de haberme tomado todas las pastillas que había traído sin resultado positivo, me terminaron llevando a la curandera del pueblo; y la verdad fue lo mejor que me pudo pasar. Llegue sin energía, con esa nube que me pesaba en la cabeza y esta mujer llamada Gloria me condujo al medio de su paraíso. Una granja llena de patos, cisnes y gallinas, con un loro que caminaba por toda la casa, dos gatos y unos pollitos, con papayas gigantes y calabazas sacadas de un cuento de Cenicienta. La casa estaba situada con el mejor paisaje del pueblo, la mejor vista del río y de las montañas, sobre una colina. Estaba lleno de flores de todos los colores lo cual atraía la cantidad más maravillosa de mariposas y libélulas que se pueden imaginar. Me sentó al lado de una gran planta que desconocía y comenzó a enunciarme unas oraciones con voz solemne. Se había puesto unas plumas en la cabeza y sus collares de semillas hacían ruido al compás de sus movimientos, mientras movía sus brazos en gran concentración. Luego empezó a cantar y creer o reventar la tos que hacia cuatro días no podía sacarme se termino; y no solo eso sino que la energía me retorno como si hubiera sido la hada madrina del cuento y me hubiera sacado el hechizo que tenia. Estaba sorprendida, porque me sentía finalmente muy bien. Me pregunto si quería hacer una ronda chamánica para sacar la mala energía de mí alrededor. Esta consistía en la antitesis del yage, porque era todo trascendental lo que significaba que no tenia que buscar nada en el afuera, o sea no tenia que tomar ninguna bebida extraña para que me mostrara nuevos mundos, sino que todo lo encontraría dentro de mi. "Volver a nacer" fueron sus palabras. Me fui de la casa sin más enfermedad y disfrutando de la belleza del pueblo que hasta ese día no había podido contemplar por sentirme debilitada.
Me encontré con el grupo y decidimos empezar a pintar la escuela, ya que la pintura hacia días que la esperábamos, porque los tiempos del pueblo no son los que me imaginaba, y los días se pasaban sin saber como y sin hacer nada y el trabajo era grande. A pesar de que una gran tormenta se desato empecé a diseñar con lápices las paredes sin plan determinado, dejándome llevar por las líneas que aparecían conformando el mural que nacería. La voz que durante cuatro días no me salía se había desenredado para decirles que si no había llegado el naranja para pintar lo hiciéramos con el violeta que teníamos y a pesar del diseño que habíamos pensado teníamos que empezar a pintar con lo que teníamos. Quería empezar a trabajar. Como si la magia existiera ni bien exclame esas palabras y empecé a pintar en violeta; Alirio el profesor ideador de esta escuela infantil, llega con los toneles de pintura que recién había llegado de la ciudad, y un ejercito de niñitos empezaron a agarrar los pinceles para actuar. El aula se empezó a pintar sola, mientras el agua de la llovía tintineaba sin cesar. Siguiendo con el cuento de Cenicienta parecían que los animalitos confabulaban para hacer el vestido de Cenicienta. Mientras yo me dedicaba a mi tarea que era pintar un mural para esa aula tan especial. Les juro que fue magia pura, el aula casi por completo se termino en pocas horas mientras la lluvia no dejaba de caer. La mitad quedo violeta y la otra mitad anaranjada.
Regrese a la casa satisfecha por lo que había hecho en un día entonces empecé a pensar en si tenia que volver a la casa de Gloria con mi energía renovada para escuchar lo que me proponía. ¿En que consistía esta ronda chamánica? Me reía de mi misma, nunca me propondrían algo normal, siempre se me presentaban posibilidades diferentes en las cuales tenía que decidir si quería tomarlas o dejarlas pasar. Parece que mi vida consiste en experimentar todos los caminos que nos conducen a uno mismo. Al otro día, nos levantamos todo el grupo muy temprano para ir a otro pueblito llamado San José. Llegamos a este nuevo pueblo donde las balas se desparramaban por todas las paredes y las vallas militares todavía permanecían como recuerdo de un tiempo no tan pasado, es increíble ver como la normalidad depende de los ojos con los que uno mire la misma realidad. Lo normal para ellos no era tan normal para nosotros. El pueblo fue guerrillero durante un largo tiempo y desde hace 7 años fue tomado por los militares regresándoles un poco de paz y alegría. La plaza llena de juegos infantiles en vivos colores contrasta con las vallas verdes con balas de los militares. Fuimos al río, el agua corría como manantial, un verde cristalino donde las montañas de la cordillera enmarcaban el lugar. Estuvimos un buen rato disfrutando del agua, mientras mis compañeros imitaban a los locales tirandose del puente de hierro que había. Luego volvimos en un jeep a una finca a comer y luego regresamos a Belén, con la decisión tomada de ir a ver a Gloria de nuevo.
Llegue a la casa donde me hospedaba, me arme un bolsito, y me fui sola caminando a su casa sobre el monte, lo cual no era mas de 10 minutos de donde estaba pero la energía cambiaba allí. El lugar era tan mágico, de cuentos de hadas, que decidí que me haría bien quedarme. Así fue como empezó mi ronda chamánica. Por dos días me sentí una princesa, como si fuera Cleopatra con sus baños de leche o una María Antonieta con su sequito detrás, con la diferencia que estaba en una casa de vivos colores en una granja en un lugar perdido de Sudamérica. Los colores y la fastuosidad la daba la naturaleza que nos rodeaba. De esta forma comenzamos esta nueva experiencia. Me preparo unas hierbas machas, lo cual significa plantas masculinas, para que me las pasara por todo mi cuerpo mientras leíamos unos capítulos de la Biblia que definitivamente no era la tradicional, sino una con reflexiones para conversar. Al azar abrimos el libro y a mi me toco el capítulo de que no es el mal que te entra por la boca sino los pensamientos. En ese momento no lo entendí pero después lo que sucedió me hizo comprenderlo. Luego de pasarme ese ungüento de plantas amargas y de fuerte olor me bañe a la intemperie con el sol que me resplandecía el cuerpo. Después me paso otro bálsamo pero esta vez era de flores femeninas y mieles femeninas. Mi piel desplegaba un aroma maravilloso, vigorizante. Estuve un largo tiempo bañada por completo de estas flores mirando la vegetación que me rodeaba, la huerta, los patos caminando como si estuviera en otro tiempo y lugar mientras el sol se escondía detrás de las montañas. Luego me volví a tirar agua para que las flores salieran de mi cuerpo dejándome el bello aroma impregnado por doquier. Conversamos con Gloria y en realidad me di cuenta de un montón de cosas que no podía ver estando en el grupo de aquí para allá. Tomar distancia de las situaciones siempre te da perspectiva para entender las cosas. Se hizo de noche y Gloria como una simpática viejecita de cuentos me dice de prepararme la comida, chocolate, arroz con huevo de pata. Para lo cual reaccione instantáneamente, “yo huevo no como, no me gusta” le digo y me mira con cara mala. Comienza un largo sermón de los alimentos de dios, de la vida que contienen, de la importancia de la naturaleza. En ese momento, me di cuenta del versículo que habíamos leído y le digo con determinación “Prepárame el huevo”. Con treinta años comía mi primer huevo frito, pensaran que es una locura, pero para mi era todo un suceso el tema del huevo. De hecho solo había comidos dos huevos duros en toda mi existencia, uno rojo en Grecia para Pascuas y otro negro de un volcán en Japón, ambos por cuestiones místicas. Pensaba que me llevarían otros 7 años comer otro huevo e imaginando conjeturas de que color me tocaría esta vez. Pero solo un mes más tarde del último huevo fue que comí uno blanco gigante de una pata que caminaba orgullosa en su huerta y que no tenía ninguna peculiaridad. Tengo que asumir que me gusto No pude dejar de pensar en todas las peripecias que había hecho para no probar tal alimento, pensaba en el capricho de mi accionar en varias oportunidades. Había sido una ridiculez ni siquiera probarlo, solo porque creía que no me gustaba. Me acosté a dormir y soñé toda la noche, maravillosamente como hacia días que no podía hacer.
A la mañana siguiente me levanto Gloria al amanecer y me dio un ungüento para tomar, muy pero muy rico a diferencia de lo que me imaginaba, que con rezos y cantos lo bendecio para que me purgara. Toda la mañana mientras pintaba tan bello lugar me fui purgando una y otra vez iba al baño. Al mediodía me dormí y cuando me desperté encontré en la biblioteca del cuarto de sus hijas el libro de Juan Salvador Gaviota. El libro que mi padre le regalo a mi madre cuando nací y que hacia tiempo que no leía. Volvía a nacer un 2 de agosto (8) del 2008, yo que amo la numerología no podía ser un día tan lindo, y no solo eso sino que el libro por el cual me he regido toda mi vida, se encontraba nuevamente en mis manos, como si hubiera estado preparado todo de antemano. La verdad estaba maravillada por las cosas de la vida. Luego de leer el libro, y de entender nuevas cosas que antes no había comprendido, salí al patio donde un nuevo menjunque me esperaba para mi cuerpo. Esta vez las plantas machas se juntaban con las hembras, se producía la integración. Era realmente bello poner este nuevo ungüento de rica fragancia, como si fuera crema sobre la piel y conseguir como resultado una suavidad y un aroma hermoso que se desparramaba. Luego de leer otro versículo y de estar como dos horas con el bálsamo en mi cuerpo, mi piel comenzó a estar tensa porque la miel se me había pegado por todo mi cuerpo, me tire agua fresca para limpiarme. Nuevamente, Doña Gloria me llevo en medio de su huerta mirando las montañas a la planta del yague para que me acompañara en el proceso. En realidad yo había tomado yage tres años atrás sin conocer la planta, y esta vez no tomaba la ayahuasca pero conocía la planta y me la refregaba por todo mi cuerpo como si por osmosis me hiciera el efecto. En un principio había pensado en volver a tener el ritual pero me hizo ver que el recuerdo del viaje interior que había llevado a cabo permanecía marcado en mi alma con gran precisión sin tener necesidad de repetirlo. De alguna forma, me dio a entender que lo que la planta me había mostrado era suficiente para seguir buscando respuestas a preguntas que se revelan viviendo. Solo el día a día me respondería. Descubrí que Doña Gloria había sido solo una excusa para dejar de buscar y empezar a encontrar.
Así en el medio de la huerta sobre la colina con los ojos cerrados, recibiendo nuevos rezos y cantos, con sus plumas de shamana en la cabeza y sus collares que la convertían en un tigre a esa vieja que me acompañaba, sentí una inmensa paz. Fue revelador estar dos días conmigo misma de nuevo, tan cerquita de mi voz interna, rodeada de tan bella naturaleza. Luego de las bendiciones me tocaba el fin de la ronda, que eran unos masajes que me haría con nuevos preparados. Luego de un buen rato de masajes y de charla se termino mi estadía en esa casa, dos intensos días de silencio y contemplación. Me sentía como si hubiera estado de spa. Le di la paga que me había pedido. Era un precio excesivo para el lugar ya que los otros pacientes le pagaban con especies, por eso había dudado en un primer momento en llevarlo a cabo, pero después entendí que cada uno pone el precio que quiere y uno decide si esta de acuerdo con el valor acordado. No iba a nacer de nuevo para discutir el valor de la partera. El mayor tesoro que me había dado era la tranquilidad de estar cerquita mío de nuevo para saber a que venia y que iba a hacer en Belén. La fe es una cuestión de magia, las acciones no son tan importantes como creer en lo que se lleva a cabo. Los rituales son importantes para uno mismo, para dar fin a un ciclo y empezar uno nuevo.
Ya había anochecido cuando regrese al pueblo con la cara brillante, vigorizante, feliz. Sentía que una capa dorada me cubría el cuerpo, ya que en los siguientes dos días no podía sacarme el último ungüento. Mientras mi cabeza estaba llena de nuevas ideas, había podido idear el gran mural de la entrada de la escuela, había pintado bellos cuadros y me sentía tan feliz dispuesta de seguir con mi vida como siempre y llevar a cabo lo que había querido hacer en este viaje. Las nubes grises habían desaparecido dejando un bello arco iris resplandeciente a mi paso. Todo lo que buscaba estaba ya en mí solamente tenia que parar y escucharme. Ninguna planta, chamana o talismán me respondería quien era, que quería o lo que venía hacer, solamente tenía que darle lugar a mi alma para que pudiera expresarme lo que le pasaba. La confusión se debía a que no podía manifestarme. La que se permitía nacer de nuevo era yo misma, nacer a nuevas cosas, a estar abierta a nuevos ciclos, continuar creciendo internamente.
Después de estar cuatro días enferma, con tos, dolor de garganta, y sintiéndome mal, y de haberme tomado todas las pastillas que había traído sin resultado positivo, me terminaron llevando a la curandera del pueblo; y la verdad fue lo mejor que me pudo pasar. Llegue sin energía, con esa nube que me pesaba en la cabeza y esta mujer llamada Gloria me condujo al medio de su paraíso. Una granja llena de patos, cisnes y gallinas, con un loro que caminaba por toda la casa, dos gatos y unos pollitos, con papayas gigantes y calabazas sacadas de un cuento de Cenicienta. La casa estaba situada con el mejor paisaje del pueblo, la mejor vista del río y de las montañas, sobre una colina. Estaba lleno de flores de todos los colores lo cual atraía la cantidad más maravillosa de mariposas y libélulas que se pueden imaginar. Me sentó al lado de una gran planta que desconocía y comenzó a enunciarme unas oraciones con voz solemne. Se había puesto unas plumas en la cabeza y sus collares de semillas hacían ruido al compás de sus movimientos, mientras movía sus brazos en gran concentración. Luego empezó a cantar y creer o reventar la tos que hacia cuatro días no podía sacarme se termino; y no solo eso sino que la energía me retorno como si hubiera sido la hada madrina del cuento y me hubiera sacado el hechizo que tenia. Estaba sorprendida, porque me sentía finalmente muy bien. Me pregunto si quería hacer una ronda chamánica para sacar la mala energía de mí alrededor. Esta consistía en la antitesis del yage, porque era todo trascendental lo que significaba que no tenia que buscar nada en el afuera, o sea no tenia que tomar ninguna bebida extraña para que me mostrara nuevos mundos, sino que todo lo encontraría dentro de mi. "Volver a nacer" fueron sus palabras. Me fui de la casa sin más enfermedad y disfrutando de la belleza del pueblo que hasta ese día no había podido contemplar por sentirme debilitada.
Me encontré con el grupo y decidimos empezar a pintar la escuela, ya que la pintura hacia días que la esperábamos, porque los tiempos del pueblo no son los que me imaginaba, y los días se pasaban sin saber como y sin hacer nada y el trabajo era grande. A pesar de que una gran tormenta se desato empecé a diseñar con lápices las paredes sin plan determinado, dejándome llevar por las líneas que aparecían conformando el mural que nacería. La voz que durante cuatro días no me salía se había desenredado para decirles que si no había llegado el naranja para pintar lo hiciéramos con el violeta que teníamos y a pesar del diseño que habíamos pensado teníamos que empezar a pintar con lo que teníamos. Quería empezar a trabajar. Como si la magia existiera ni bien exclame esas palabras y empecé a pintar en violeta; Alirio el profesor ideador de esta escuela infantil, llega con los toneles de pintura que recién había llegado de la ciudad, y un ejercito de niñitos empezaron a agarrar los pinceles para actuar. El aula se empezó a pintar sola, mientras el agua de la llovía tintineaba sin cesar. Siguiendo con el cuento de Cenicienta parecían que los animalitos confabulaban para hacer el vestido de Cenicienta. Mientras yo me dedicaba a mi tarea que era pintar un mural para esa aula tan especial. Les juro que fue magia pura, el aula casi por completo se termino en pocas horas mientras la lluvia no dejaba de caer. La mitad quedo violeta y la otra mitad anaranjada.
Regrese a la casa satisfecha por lo que había hecho en un día entonces empecé a pensar en si tenia que volver a la casa de Gloria con mi energía renovada para escuchar lo que me proponía. ¿En que consistía esta ronda chamánica? Me reía de mi misma, nunca me propondrían algo normal, siempre se me presentaban posibilidades diferentes en las cuales tenía que decidir si quería tomarlas o dejarlas pasar. Parece que mi vida consiste en experimentar todos los caminos que nos conducen a uno mismo. Al otro día, nos levantamos todo el grupo muy temprano para ir a otro pueblito llamado San José. Llegamos a este nuevo pueblo donde las balas se desparramaban por todas las paredes y las vallas militares todavía permanecían como recuerdo de un tiempo no tan pasado, es increíble ver como la normalidad depende de los ojos con los que uno mire la misma realidad. Lo normal para ellos no era tan normal para nosotros. El pueblo fue guerrillero durante un largo tiempo y desde hace 7 años fue tomado por los militares regresándoles un poco de paz y alegría. La plaza llena de juegos infantiles en vivos colores contrasta con las vallas verdes con balas de los militares. Fuimos al río, el agua corría como manantial, un verde cristalino donde las montañas de la cordillera enmarcaban el lugar. Estuvimos un buen rato disfrutando del agua, mientras mis compañeros imitaban a los locales tirandose del puente de hierro que había. Luego volvimos en un jeep a una finca a comer y luego regresamos a Belén, con la decisión tomada de ir a ver a Gloria de nuevo.
Llegue a la casa donde me hospedaba, me arme un bolsito, y me fui sola caminando a su casa sobre el monte, lo cual no era mas de 10 minutos de donde estaba pero la energía cambiaba allí. El lugar era tan mágico, de cuentos de hadas, que decidí que me haría bien quedarme. Así fue como empezó mi ronda chamánica. Por dos días me sentí una princesa, como si fuera Cleopatra con sus baños de leche o una María Antonieta con su sequito detrás, con la diferencia que estaba en una casa de vivos colores en una granja en un lugar perdido de Sudamérica. Los colores y la fastuosidad la daba la naturaleza que nos rodeaba. De esta forma comenzamos esta nueva experiencia. Me preparo unas hierbas machas, lo cual significa plantas masculinas, para que me las pasara por todo mi cuerpo mientras leíamos unos capítulos de la Biblia que definitivamente no era la tradicional, sino una con reflexiones para conversar. Al azar abrimos el libro y a mi me toco el capítulo de que no es el mal que te entra por la boca sino los pensamientos. En ese momento no lo entendí pero después lo que sucedió me hizo comprenderlo. Luego de pasarme ese ungüento de plantas amargas y de fuerte olor me bañe a la intemperie con el sol que me resplandecía el cuerpo. Después me paso otro bálsamo pero esta vez era de flores femeninas y mieles femeninas. Mi piel desplegaba un aroma maravilloso, vigorizante. Estuve un largo tiempo bañada por completo de estas flores mirando la vegetación que me rodeaba, la huerta, los patos caminando como si estuviera en otro tiempo y lugar mientras el sol se escondía detrás de las montañas. Luego me volví a tirar agua para que las flores salieran de mi cuerpo dejándome el bello aroma impregnado por doquier. Conversamos con Gloria y en realidad me di cuenta de un montón de cosas que no podía ver estando en el grupo de aquí para allá. Tomar distancia de las situaciones siempre te da perspectiva para entender las cosas. Se hizo de noche y Gloria como una simpática viejecita de cuentos me dice de prepararme la comida, chocolate, arroz con huevo de pata. Para lo cual reaccione instantáneamente, “yo huevo no como, no me gusta” le digo y me mira con cara mala. Comienza un largo sermón de los alimentos de dios, de la vida que contienen, de la importancia de la naturaleza. En ese momento, me di cuenta del versículo que habíamos leído y le digo con determinación “Prepárame el huevo”. Con treinta años comía mi primer huevo frito, pensaran que es una locura, pero para mi era todo un suceso el tema del huevo. De hecho solo había comidos dos huevos duros en toda mi existencia, uno rojo en Grecia para Pascuas y otro negro de un volcán en Japón, ambos por cuestiones místicas. Pensaba que me llevarían otros 7 años comer otro huevo e imaginando conjeturas de que color me tocaría esta vez. Pero solo un mes más tarde del último huevo fue que comí uno blanco gigante de una pata que caminaba orgullosa en su huerta y que no tenía ninguna peculiaridad. Tengo que asumir que me gusto No pude dejar de pensar en todas las peripecias que había hecho para no probar tal alimento, pensaba en el capricho de mi accionar en varias oportunidades. Había sido una ridiculez ni siquiera probarlo, solo porque creía que no me gustaba. Me acosté a dormir y soñé toda la noche, maravillosamente como hacia días que no podía hacer.
A la mañana siguiente me levanto Gloria al amanecer y me dio un ungüento para tomar, muy pero muy rico a diferencia de lo que me imaginaba, que con rezos y cantos lo bendecio para que me purgara. Toda la mañana mientras pintaba tan bello lugar me fui purgando una y otra vez iba al baño. Al mediodía me dormí y cuando me desperté encontré en la biblioteca del cuarto de sus hijas el libro de Juan Salvador Gaviota. El libro que mi padre le regalo a mi madre cuando nací y que hacia tiempo que no leía. Volvía a nacer un 2 de agosto (8) del 2008, yo que amo la numerología no podía ser un día tan lindo, y no solo eso sino que el libro por el cual me he regido toda mi vida, se encontraba nuevamente en mis manos, como si hubiera estado preparado todo de antemano. La verdad estaba maravillada por las cosas de la vida. Luego de leer el libro, y de entender nuevas cosas que antes no había comprendido, salí al patio donde un nuevo menjunque me esperaba para mi cuerpo. Esta vez las plantas machas se juntaban con las hembras, se producía la integración. Era realmente bello poner este nuevo ungüento de rica fragancia, como si fuera crema sobre la piel y conseguir como resultado una suavidad y un aroma hermoso que se desparramaba. Luego de leer otro versículo y de estar como dos horas con el bálsamo en mi cuerpo, mi piel comenzó a estar tensa porque la miel se me había pegado por todo mi cuerpo, me tire agua fresca para limpiarme. Nuevamente, Doña Gloria me llevo en medio de su huerta mirando las montañas a la planta del yague para que me acompañara en el proceso. En realidad yo había tomado yage tres años atrás sin conocer la planta, y esta vez no tomaba la ayahuasca pero conocía la planta y me la refregaba por todo mi cuerpo como si por osmosis me hiciera el efecto. En un principio había pensado en volver a tener el ritual pero me hizo ver que el recuerdo del viaje interior que había llevado a cabo permanecía marcado en mi alma con gran precisión sin tener necesidad de repetirlo. De alguna forma, me dio a entender que lo que la planta me había mostrado era suficiente para seguir buscando respuestas a preguntas que se revelan viviendo. Solo el día a día me respondería. Descubrí que Doña Gloria había sido solo una excusa para dejar de buscar y empezar a encontrar.
Así en el medio de la huerta sobre la colina con los ojos cerrados, recibiendo nuevos rezos y cantos, con sus plumas de shamana en la cabeza y sus collares que la convertían en un tigre a esa vieja que me acompañaba, sentí una inmensa paz. Fue revelador estar dos días conmigo misma de nuevo, tan cerquita de mi voz interna, rodeada de tan bella naturaleza. Luego de las bendiciones me tocaba el fin de la ronda, que eran unos masajes que me haría con nuevos preparados. Luego de un buen rato de masajes y de charla se termino mi estadía en esa casa, dos intensos días de silencio y contemplación. Me sentía como si hubiera estado de spa. Le di la paga que me había pedido. Era un precio excesivo para el lugar ya que los otros pacientes le pagaban con especies, por eso había dudado en un primer momento en llevarlo a cabo, pero después entendí que cada uno pone el precio que quiere y uno decide si esta de acuerdo con el valor acordado. No iba a nacer de nuevo para discutir el valor de la partera. El mayor tesoro que me había dado era la tranquilidad de estar cerquita mío de nuevo para saber a que venia y que iba a hacer en Belén. La fe es una cuestión de magia, las acciones no son tan importantes como creer en lo que se lleva a cabo. Los rituales son importantes para uno mismo, para dar fin a un ciclo y empezar uno nuevo.
Ya había anochecido cuando regrese al pueblo con la cara brillante, vigorizante, feliz. Sentía que una capa dorada me cubría el cuerpo, ya que en los siguientes dos días no podía sacarme el último ungüento. Mientras mi cabeza estaba llena de nuevas ideas, había podido idear el gran mural de la entrada de la escuela, había pintado bellos cuadros y me sentía tan feliz dispuesta de seguir con mi vida como siempre y llevar a cabo lo que había querido hacer en este viaje. Las nubes grises habían desaparecido dejando un bello arco iris resplandeciente a mi paso. Todo lo que buscaba estaba ya en mí solamente tenia que parar y escucharme. Ninguna planta, chamana o talismán me respondería quien era, que quería o lo que venía hacer, solamente tenía que darle lugar a mi alma para que pudiera expresarme lo que le pasaba. La confusión se debía a que no podía manifestarme. La que se permitía nacer de nuevo era yo misma, nacer a nuevas cosas, a estar abierta a nuevos ciclos, continuar creciendo internamente.
María de los Milagros Baylac
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